No queremos más reformas, queremos educación

Filed Under (Ciudadanía, Desarrollo Social, Educación y política, La Primera de Puebla, Responsabilidad Social) by Cintia Fernandez on 29-07-2008

*Artículo publicado por Grupo Ándar en la revista diaria on-line “La primera de Puebla”

Hace un tiempo escuché una postura interesante de un educador hacia la política: mencionaba que era un error social expresarnos mal en todo momento de los gobernantes. Cuando mejor nos va, se nos llena la boca criticando a los grandes ladrones y corruptos que nos representan; cuando peor, nos abstenemos de considerar a la política como parte de nuestra existencia y preferimos omitir cualquier opinión y peor aún, acercarnos a cualquier información.

En lo personal yo crecí escuchando posturas muy críticas hacia el gobierno, en mi familia siempre ha habido interés en lo referente al tema y a pesar de que realmente me importa, jamás me ha pasado por la mente participar activamente en política, mucho menos trabajar en el Gobierno: yo no quiero ser considerada una ladrona, y lo menciono ya que me cuesta identificarme con un rol político después de escuchar durante tantos años que quien gobierna, roba. En esto radica el error social que mencionaba este educador, usualmente el que quiere hacer carrera política, más que por una convicción de trabajar por el bien común, muchas veces lo hace habiendo introyectado prejuicios de esta naturaleza, es decir, pareciera que su vocación es el robo y la corrupción, más que la representación de los intereses ciudadanos; y quien realmente se preocupa por el bien común, prefiere evitar formar parte del gobierno para evitar verse involucrado en la corrupción.

 

Hay personas que con orgullo se manifiestan “apolíticos” pareciera como si con ese término se sacudieran toda ligazón de las corruptelas, de pronto pareciera que el término es casi sinónimo de “yo soy una persona honesta”. Desde mi perspectiva no hay postura política más dañina que la indiferencia y no encuentro otra explicación de lo común de la misma, que la falta de educación.

Actualmente los mexicanos nos encontramos ante la urgencia de cambios estructurales importantes, luego de 75 años de estabilidad política y de que no sucediera nada más que “lo de siempre” (devaluación tras devaluación), comenzamos el siglo exigiendo un cambio de rumbo, pero sin tener mucha conciencia del nuevo destino. Pocas personas siguen aferrándose al pasado, pero también muy pocas tenemos idea de cómo podríamos construir un futuro distinto.

La mayoría de los mexicanos tienen pocos recursos para ser agentes de cambio, desde mi punto de vista esto es resultado de una formación cívica deficiente. Década tras década de estudiar historia memorizando fechas, de pasar civismo (a los que todavía nos tocó) entonando el himno nacional con todas sus estrofas, de festejar el 16 de septiembre tronando cohetes, devorando pozole y bebiendo tequila, de anhelar el 20 de noviembre para tener un buen puente y vacacionar. Tienen como saldo una sociedad con una identidad nacional bien consolidada, pero con hábitos ciudadanos muy cuestionables.

Ahora que hemos exigido y hemos logrado, ser tomados en cuenta en la toma de decisiones del rumbo del país, nos bombardean con infinidad de propuestas: de nuevas leyes electorales, de medios y de acceso a la información, de reformas hacendarias, energéticas, laborales, de nuevos modelos económicos, entre otras iniciativas necesarísimas para transformarnos. Pero ante esta cascada de disyuntivas y posturas encontradas, las herramientas con las que contamos para comprenderlo todo son muy limitadas, esto considerando la vastedad e implicaciones de todo lo que como sociedad nos está aconteciendo. Pozole, himno, fechas y escándalos políticos sin fin, nos dejan paralizados y socialmente muy vulnerables.

Queremos ser una sociedad moderna, pero seguimos solapando estilos de liderazgo anacrónicos; queremos participar, pero que nos digan como; queremos un buen gobierno, pero no estamos dispuestos a gobernar. Tenemos mucho que aprender para garantizar que las decisiones que se toman favorezcan a las mayorías y dejen de facilitar que unos pocos se enriquezcan a costa del bienestar del grueso de la población.

Ese aprendizaje se tendría que estar garantizando desde el sistema educativo, pero también promoverse desde la sociedad civil, ya que no podemos sentarnos a esperar a que las políticas educativas y programas de la SEP consideren esta urgente necesidad formativa y la incluyan en el diseño curricular y en los modelos de enseñanza – aprendizaje “oficiales”.

Todos aquellos que por su historia de vida e intereses personales tengamos una posición privilegiada, en cuanto acceso a la información y herramientas cognitivas para comprender la importancia de este momento histórico, tenemos la responsabilidad de generar espacios para formarnos como ciudadanos que participan y transforman su propia realidad. Debemos romper los patrones que llevamos siglos arrastrando, el cambio no va a venir desde arriba, lo tenemos que generar en las bases y para lograrlo debemos ser una sociedad politizada, sin miedo al debate, a la discusión de posturas diversas, a la argumentación informada.

Nuestro pasado no tiene porque ser nuestro destino, garanticemos que las reformas estructurales que necesitamos las construyamos todos, no permitamos que los poderosos las construyan para nosotros y no olvidemos que para lograrlo es imperativo educarnos y convertirnos agentes activos de nuestra propia trans – formación.

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