Calidad educativa y desarrollo sostenible ¿cómo?

Filed Under (Desarrollo Social, Escuela, La Primera de Puebla, Responsabilidad Social) by Cintia Fernandez on 06-08-2008

Ya se ha comentado en esta columna que la educación es uno de los ingredientes más importantes en el desarrollo social, económico, cultural y político de un país por lo que hablar de calidad educativa y sentar las bases para implementarla es un tema crucial dentro de la construcción de una realidad más equitativa y justa. A últimas fechas es común escuchar que ciertas escuelas se promueven afirmando que han obtenido certificaciones del tipo ISO 9000, eso me hace cuestionarme, ¿es posible avalar la calidad de un centro educativo, con estrategias de evaluación que fueron creadas en el ámbito empresarial?En este sentido es importante tomar en cuenta que no existen “recetas” para abordar la calidad en las escuelas, sino que es necesario problematizar el concepto en función de las diversas situaciones educativas, esto pone de manifiesto que el término “calidad en la educación” es por naturaleza ambiguo, ya que representa un valor que cambia de significado dependiendo de la perspectiva social desde la cual se mire, por ejemplo, no se puede abordar del mismo modo en una escuela rural que en una escuela urbana.
Al hablar del concepto calidad en las escuelas no existe un consenso general, como es el caso en la empresa, en el que la mayoría de los modelos coinciden en definirla como un proceso constante, que exige el compromiso de todos los miembros de una organización, la eliminación de problemas y el enfoque en la mejora continua tanto de procesos, como de productos, con el fin de aumentar la productividad y, por lo tanto, las utilidades y la satisfacción del cliente.
Pero la naturaleza de los fines educativos es muy distinta a los industriales o empresariales, ya que no se limitan a la satisfacción de un cliente o a las ganancias económicas que puedan obtenerse a partir de la oferta de un servicio educativo. Si nos referimos a organizaciones escolares, se tiene que considerar, que el centro de la acción es la formación de ciudadanos que estén preparados para responder a las necesidades sociales más apremiantes dentro de contextos específicos.
El concepto de calidad en la industria puede servir como referencia pero no como modelo, ya que la educación tiene un impacto cultural y en el desarrollo tanto de la sociedad, como de los individuos, que nos obliga a darle al término un sentido que esté guiado por el grado de contribución que se desee lograr en la transformación del entorno económico, político y social, por medio de los servicios educativos.
Actualmente el debate sobre calidad de la educación en América Latina tiene como eje el fomento de la equidad social como parte esencial del desarrollo sostenible. Dentro de este marco se han dado avances discursivos a nivel nacional e internacional, que arrojan como resultado un cierto estado de desarrollo del conocimiento teórico-conceptual al respecto, pero a nivel práctico se encuentran pocas experiencias sistematizadas que demuestren la relación entre el incremento de la calidad educativa y la equidad social.
Las medidas para lograr que el binomio calidad-equidad se lleve a cabo, deben de ser tomadas tanto a nivel sistema educativo (voluntad política y recursos) como a nivel de cada uno de los centros escolares, ya que son los que mejor pueden conocer los factores indispensables para la mejora de la calidad en su realidad concreta y hacer valer/rendir los recursos que para ello se destinen. Esto implicaría que las escuelas contaran con cierta autonomía y que no se limitaran a los programas de calidad a nivel nacional (usualmente de corte cuantitativo), ya que tal vez no son adecuados para sus propias necesidades y retos. Por lo que es importante que en cada institución se definan indicadores de calidad/equidad específicos, con la participación tanto de los usuarios del servicio educativo (alumnos, padres de familia, comunidad) como de los maestros, directores y personal administrativo.
De no ser así podríamos incurrir en una generalización que eluda el análisis de realidades concretas, lo cual impide el desarrollo de modelos que respondan las problemáticas a sociales de cada contexto. Con esto busco expresar que el impacto que en la equidad social tenga la mejora de la calidad educativa, no debiera ser abordado de igual forma en los diversos recintos escolares, por ejemplo, si comparamos una escuela privada con una escuela pública, podemos inferir que sus miembros tienen un rol social distinto en la construcción de sociedades equitativas, por lo tanto sus indicadores de calidad deberán ser también diferentes.
La disminución de las brechas sociales, elemento central de desarrollo sostenible de un país, debe formar parte de la misión institucional de los centros educativos, la cual debe de estar conformada por valores asumidos como propios por la comunidad, ya que sólo de esta manera podrán testimoniarse estos valores en el ejercicio diario de las labores educativas por parte de docentes, alumnos y familias; así como reflejarse en la estructura administrativa, el contenido curricular y en las prácticas de enseñanza – aprendizaje, es decir, en las actividades escolares y familiares del día a día.
Un buen programa de calidad puede fracasar debido a la falta de motivación de los actores involucrados. Cuando los programas son creados sin la participación colectiva, provocan que los cambios en la manera de hacer las cosas repercutan negativamente en las relaciones interpersonales al interior de la organización escolar, provocando inconformidad y malestar en los participantes, de ahí la importancia de que los programas de calidad surjan de la misma comunidad, es decir que no sean impuestos desde niveles gubernamentales, ni por la misma escuela como fórmulas preestablecidas, ya que la calidad educativa debe de formar parte de la cultura de los involucrados y esto sólo se logrará tomando en cuenta las opiniones y demandas de estudiantes, padres de familia, maestros y personal administrativo.
Es claro que en nuestro país, a pesar de que ya se habla de calidad en la educación a nivel oficial, todavía no existe una cultura que permita que la calidad se convierta en una realidad y mucho menos en un factor de equidad y desarrollo, está en nuestras manos trazar el camino para que así sea, promoviendo espacios para abordar de manera colectiva el tema en las realidades educativas concretas, tomando en cuenta que vivimos en un país con problemas sociales muy complejos que necesitan ser resueltos de manera urgente y en esta solución las escuelas juegan un rol central. En este camino es preciso evitar limitarnos a las iniciativas impuestas desde arriba o importadas de la empresa, ya que probablemente no serán igualmente efectivas sin nuestra aportación reflexiva y comprometida.

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