A nivel internacional el término “Educación Ambiental” comienza a discutirse como prioridad en las cumbres internacionales a partir de la década de los 70’s. Ya desde hace más de treinta años se visualizaba el riesgo que corren los ecosistemas por la falta de conciencia ambiental y la necesidad de dirigir estrategias educativas específicas para garantizar conservación de la biodiversidad y, en términos más drásticos, la supervivencia de la especie humana.
Ya en ese entonces se identificaba al modelo de desarrollo capitalista, como principal causante de una inminente crisis ambiental: hábitos de consumo irracionales, modelos de producción y distribución, tanto de bienes, como de servicios que obedecen a teorías económicas simplificadoras y en general una acelerada creación e implementación de tecnología, sin considerar su complejo impacto en la sociedad y los ecosistemas, provocaron que se diera la voz de alarma sobre la necesidad de hacer “algo”.
No pasó mucho tiempo para identificar que ese “algo” debía de ser una estrategia educativa sistémica y compleja, enfocada no solamente en considerar los entornos biológicos, sino también la redefinición de la comprensión de las redes humanas, en todos sus niveles de organización (familia, empresa, gobierno, escuela, entre otras) y estar dirigida no solamente a personas en edad escolar, sino al cien por ciento de la población a lo largo de toda su vida.
En un documento denominado “Carta de Belgrado” (1975) se enfatiza “la necesidad de replantear el concepto de Desarrollo y de un reajuste del estar e interactuar con la realidad, por parte de los individuos. En este sentido se concibe a la educación ambiental como herramienta que contribuya a la formación de una nueva ética universal que reconozca las relaciones del hombre con el hombre y con la naturaleza ; la necesidad de transformaciones en las políticas nacionales, hacia una repartición equitativa de las reservas mundiales y la satisfacción de las necesidades de todos los países” (fuente: http://www.jmarcano.com/educa/historia.html).
De tal manera que en una sola década se evoluciona de una postura en pro de la conservación del entorno natural, a un cuestionamiento de los modelos económicos y geopolíticos existentes. De este modo la lucha ambientalista, incluyendo su intención educativa, rápidamente se convierte en una postura política que se contrapone a los intereses de los más poderosos. Sorprendentemente se observa que, a partir de los 80’s, en las cumbres ambientales internacionales comienza a dejarse de lado el problema de la inequidad social y se asumen como causas centrales de la crisis ambientales a la sobrepoblación y pobreza, en palabras de José E. Marcano, se omite considerar “el papel que juega el complejo sistema de distribución desigual de los recursos generados por los estilos de desarrollo acoplados a un orden internacional desigual e injusto, por lo que se observa (en los documentos generados en las cumbres llevadas a cabo en esa década) una carencia total de visión crítica hacia los problemas ambientales”, que tuviera como argumento central un cuestionamiento a los modelos de desarrollo económico. El avance logrado en los 70’s queda entonces anulado y las iniciativas conservacionistas se ajustan, más que a la necesidad de evitar la debacle de los ecosistemas, a no amenazar los intereses de las corrientes ideológicas y políticas dominantes, a pesar de que su falta de sostenibilidad se había puesto ya en evidencia.
En nuestro país, puedo observar con total indignación, que además de que las iniciativas sistemáticas de Educación Ambiental son casi nulas, las pocas existentes consideran poco o nada, los complejos debates y avances conceptuales que en esta materia se han llevado a cabo, no sólo en las cumbres internacionales, sino en diversos ámbitos académicos y civiles. Al parecer la mayoría de los grupos sociales y El Estado (con sus (casi inexistentes) políticas públicas en materia ambiental), siguen reduciendo sus esfuerzos a la reforestación (sembrar arbolitos), la separación de la basura y la reutilización de deshechos. Mientras que la creación de políticas más amplias que fomenten un cambio de actitudes: transformación de hábitos de consumo, toma de conciencia y gestión de impactos ambientales a nivel individual y organizacional, comprensión de las causas y efectos de la distribución desigual de los recursos, entre otras, parecen no tomarse en cuenta.
Al parecer como en muchos otros ámbitos, tratan de evitar “politizar” el asunto, cuando el contenido político que la Educación Ambiental es inherente a la materia, como lo es a la propia existencia de los grupos humanos como sociedad organizada, en palabras del filósofo y ecologista Leonardo Boff: “así como la educación debe incluir inaplazablemente las cuatro grandes tendencias de la ecología: la ambiental, la social, la mental y la integral o profunda (aquella que discute nuestro lugar en la naturaleza y nuestra inserción en todo el entramado de las energías cósmicas). Entre los educadores ambientales se impone cada vez más esta perspectiva: educar para el arte de vivir en armonía con la naturaleza, y proponerse repartir equitativamente con los demás seres los recursos de la cultura y del desarrollo sostenible”. Lo anterior implica una postura ideológica que fomente la integración de saberes, para comprender la esencia sistémica de la realidad y de nuestra relación con la naturaleza, si de esto depende nuestro presente, aprendamos entonces del pasado y no continuemos repitiendo los mismos errores en el futuro.
me parece que antes de educación ambiental méxico necesita acciones
como el separar la basura en el df… a final la juntan.. convencer a las mentes jovenes de que lo ahagan (seoparar la basura) no sirve de nada
Estoy de acuerdo, además de educación y cambios de actitud, necesitamos información….como por ejemplo conocer las acciones que en tu colonia, delegación, municipio, estado, etc. se están llevando a cabo.