Cuando estudiaba la licenciatura en Ingeniería Industrial, llevé una materia que se llamaba “Un sentido para la vida”, era una clase de integración, el plan de estudios llevaba 6 de ellas, estudiar en una universidad jesuita implica dedicar algunas horas de la currícula a la reflexión para obtener un título.
La maestra era una comunicóloga recién egresada que se estaba especializando en medio ambiente y le fue autorizado centrar el contenido de la materia en este tema. Así me enteré que la crisis ambiental fue pronosticada de manera pública desde los 70’s a partir de una serie de lluvias ácidas en Inglaterra y que en las cumbres internacionales se discutían ya en esos tiempos estudios científicos que indicaban que la capa de ozono se estaba adelgazando y que esto, junto con la deforestación voraz, ponía en riesgo el oxígeno del cual dependemos todos los seres vivos de este planeta.
El sentido para esta vida era precisamente luchar por conservarla, durante ese semestre estuve a punto de convertirme en ambientalista empedernida. Luego enrevesados caminos me llevaron a encontrar el sentido de mi existencia en problemas menos generales y más mundanos, que no por ser menos abarcativos carecen de importancia y aunque me alejaron del estudio formal del medio ambiente, la conciencia de su problemática y la convicción de la necesidad de actuar todos los días para trasformarla, ha sido una constante en mi vida desde entonces.
Hace un par de meses comencé a trabajar en un jardín botánico, lo que hace inevitable que el gusanito por dedicar parte de mi existencia a promover y trabajar por el cuidado de nuestra madre mundo, se reanime y ahora sí, complementar mi experiencia y conocimientos en otras áreas, con el estudio del cuidado de la naturaleza de manera formal.
Me anima despertar todos los días y saber que estaré utilizando mi energía y creatividad mezclada con la de algunos biólogos, jardineros, psicólogos, matemáticos, diseñadores administradores, ingenieros, entre otros cerebros entrenados en disciplinas variadas que trabajan con nosotros, de manera formal e informal.
Cuidamos plantas, aves e insectos de la región, investigamos sobre ellos, compartimos ese conocimiento, también tenemos que utilizar eficientemente recursos limitados y dar un servicio a nuestros visitantes que los inspire más que lo suficiente a convertirse en agentes conservadores de la biodiversidad del entorno, como un acto de conciencia, pero también de amor. Interactuamos con otras organizaciones y sumamos esfuerzos; hablamos de lombrices, escarabajos, esquejes, semillas, olores, sabores, mariposas, colibríes… mientras observamos algunos reflejos de esperanza en los rostros de niños, jóvenes, adultos y ancianos. Recordamos, futureamos y ese es nuestro trabajo, que la vida tenga un sentido transitable, viable, entrañable.
A problemas complejos, acciones aún más complejas. Lo que requiere no de especialistas, sino de personas dispuestas a aprender en el camino, a aportar sus conocimientos y problematizarlos en función de otras formas de entender el mundo. Esto es para mí la interdisciplinariedad y es justo lo que desgraciadamente no se enseña en la mayoría de las escuelas.
Como educadora mi trabajo en el jardín me está dejando un gran aprendizaje, una lección comprometedora, así como una mayor conciencia de mi responsabilidad como profesionista y ser humano. La experiencia desde la interdisciplinariedad replicada en todos los campos del saber y en todos los espacios de interacción social, de la infancia a la vejez, es indispensable en el planeta y tiempo que habitamos. Ya no hay espacio para la fragmentación del conocimiento, la súper-especialización y la ausencia de diálogo. Es hora de la complejidad, de los métodos holísticos y de la integración heurística de nuestros saberes. No sólo para aumentar las posibilidades de supervivencia de nuestros ecosistemas, sino para renovar nuestros estilos de convivencia y recuperar un tejido social más solidario, más humano.
yo lleve algunas materias así… “materias sello” les llaman en el tec de mty.. afortunadamente (para mi) erand el todo laicas.. ecología, valores socicultuirales en el mundo, valores en el ejercicio profesional… etc…
Mi estimada semillita!
Hijole, pues aqui no tengo mucho que decir, mas que que chido que seas asi de chida… jeje No de verdad, siempre me da gusto conocer, y sobre todo, estar en contacto con gente así… con ese espíritu “jipi” tal vez, de ayudar, de participar, de comunidad…
Lo malo que aca donde estoy yo físicamente todo eso es casi inexistente… pero pues es de esperarse, cancun es una ciudad inventada, cuyo objetivo es generar dinero… eso es un poco incompatible con la cultura “jipi”… asi que pues, iniciativas como la que describes, aca son inexistentes… Y ni como crearlas, por que de nuevo, dado la naturaleza de la ciudad, a nadie le importan esas cosas. O bueno, a muuuuy pocas gentes. Y estaras de acuerdo que para que un esfuerzo comunitario tenga éxito, la gente que lo apoye debe ser diversa, y en cierto grado, numerosa…
En fin. Algún día me largare de aquí, y podré irme a vivir a alguna ciudad con otros aires mas … jipiosos. jeje
Saludos y felicidades por ese esfuerzo.
Camilo